“Es el pragmatismo, Lousteau”, por Luciano Draper

press

Este tipo no entiende nada. Vive en otro país. Sólo piensa en él. En él y en el 26% de los porteños que lo votaron. ¿Cómo se le ocurre ir al balotaje? ¿Qué es esa obstinación estúpida por cumplir con la Constitución? ¿Justo ahora se le antoja ser republicano y democrático? ¿Acaso no entiende que hay que ir por todo a como sea?

Los estertores provocados por los resultados del último domingo en territorio capitalino ya rozan lo tragicómico. Las operaciones ya ni siquiera son operaciones. Ya directamente se lo escupen en la cara al pobre Guga. “Tenés que bajarte del balotaje”. Elisa Carrió, Oscar Aguad, Mauricio Macri, Gabriela Michetti. Marcelo Longobardi. Y siguen las firmas. Muchas.

Todos ellos son, obviamente, firmes defensores de la República. Durante toda esta década (ganada, perdida o empatada), todos ellos atiborraron cuanto micrófono anduviera cerca suyo para denostar las formas de proceder del kirchnerismo. En todos estos años les endilgaron a los K todos los adjetivos posibles, imaginables, harto repetitivos: autoritarios, antirrepublicanos, tiranos, fascistas, antidemocráticos, populistas, violentos que socavan la República, la Democracia y la Constitución. Todo eso junto. Todo eso y más son, fueron y serán los energúmenos kirchneristas.

¿Y qué hace la oposición para desalojarlos del poder? Bueno, poco y nada. Les ha encantado el cómodo lugar de opositores. Cargos políticos, poco trabajo y buena plata fácil. Hasta ahora ésa era la confortable postura de los grandes líderes opositores. Pero todo tiene un límite. Y ese límite se cruzó hasta que a este imprudente muchacho se le ocurrió ir al balotaje.

Porque esta actitud dio lugar a blanquear una situación que hasta ahora sólo se planteaba de manera subterránea. ¿Será la única manera de desaoljar del poder al peronismo actuando igual que el peronismo? Y si la respuesta es afirmativa, entonces ¿cómo hacemos? Fácil. Haciendo lo mismo. El peronismo es, ante todo, pragmático. Entonces seamos pragmáticos.

En primer lugar hay que olvidarse -por completo- de la Constitución. Por más que ella diga que hay balotaje, suprimamos el balotaje. En segundo lugar, hay que olvidarse de la Democracia. No importa que miles de porteños hayan preferido que Lousteau sea su próximo jefe de gobierno. Que no jodan. Y en tercer lugar, hay que olvidarse por completo de la República. Por completo.

Lo que no entiende Lousteau es que, en nombre del pragmatismo, hay que olvidarse de estos insignificantes conceptos, tan etéreos ellos. Para derrotar al peronismo hay que superarlo. Es decir, ser aún más pragmáticos. Aún más moralmente corruptos, totalitarios y fascistas.

Tal cual el más rancio maquiavelismo, hay que renunciar a un derecho constitucional como es una balotaje en pos de fortalecer la construcción de una oposición, ya debilitada antes de nacer. Un entendimiento opositor interesante, constructivo y con cierto futuro habría sido lograr un acuerdo que conllevara la presentación de un candidato a presidente y de otro candidato a gobernador bonaerense. Allí se habría puesto en aprietos al oficialismo, ya que cada uno pelearía por alcanzar gobiernos distintos pero dentro de una misma fuerza opositora, sin caer en las debilidades y en los errores de la extinta alianza UCR-Frepaso, todos juntos en un mismo gobierno presidencial.

En medio de todo este menjunje, resulta urticante observar el papel de los grandes medios de comunicación. Cacarean a gritos, pidiendo que la oposición se una a como dé lugar para derrotar al oficialismo. No importa cómo sino que se unan y lo derroten. Después vemos qué hacer cuando lleguen al poder. Eso sí: cuando estén en el gobierno y comiencen a pelearse como perros y gatos dentro de una misma bolsa, los atildados y almidonados periodistas, desde sus púlpitos, levantarán sus dedos índices y los criticarán con encendida furia y curiosa ironía, argumentando que estamos en mano de los improvisados de siempre, que sólo les importa llegar al poder, que no tienen un plan de gobierno y todos los etcéteras que ya podemos imaginar.

A todo esto, ya nos pasamos una de las dos semanas discutiendo lo que no había que discutir. Y en este berenjenal, tanto Horacio Rodriguez Larreta como el peronismo en su conjunto se refriegan, felices, sus pragmáticas manos.

Comentarios

comentarios

Baires Ciudad 2012 - 2013. Todos los derechos reservados. Contacto: redaccion@bairesciudad.com.ar