“Lecciones morales de Santa Fe”, por Jorge Asís

Asis Jorge

Sin los oportunos cortes de luz, como en 2011, el evangelismo socialista de Santa Fe vuelve a retener angustiosamente el poder en 2015.

Desde Hermes Binner se pasó la posta a Antonio Bonfatti, y ahora a Miguel Lifschitz, que se sumerge en el festejo por anticipado. Junto a la señora Norma Fein, que también retiene la alcaldía de Rosario, base sustancial del evangelio.

En adelante, a llorar al parque. Por más que Mauricio Macri se obstine en el sentimiento convincente de su invocación moral, a los socialistas nadie les va a ganar, en la relativa moralidad de recontar los votos.

Otra muestra de la dificultad estructural de vencer a los oficialismos. Aquí la continuidad emerge como un contagio. Sea en Salta o en Chaco, como en Río Negro y Santa Fe. Hasta hoy, sólo Mendoza puede alterar el rumbo político de su administración. Mientras tanto Córdoba, el Artificio Autónomo de la Capital, La Provincia Inviable de Buenos Aires, o la misma Nación, mantienen la vigencia invariable de los oficialismos.

Saltos y simbologías
Santa Fe marcó también el inicio simbólico de la declinación de la Franja de Massa. Por aquello que su titular, Sergio Massa, denomina hoy sus “errores”. Genéricamente.

Sorprende la simbología del doble salto de Reutemann (al que Rocamora llama Planta Permanente). Desde el peronismo hacia la Franja, primero. Y desde la Franja hacia el PRO, después.

El último salto resultó fatal para Massa. Generó la legitimidad del efecto cascada. Hasta facilitar la sucesión de los otros desplazamientos que debilitaron la Franja. Para fortalecer, más que al PRO, al peronismo expresado en el Frente Para la Victoria. Con el regreso a “la casita de los viejos”. Sin las “frentes marchitas” ni las nostalgias previsibles. Sólo con la intención frontal de ganar. Mantener la continuidad de las cajas. Lecciones morales para constar en actas. Libros de quejas quedan al costado. Inútiles como los recuentos.

La asombrosa recuperación del peronismo santafesino se debe a lo que Graham Greene llamaba el “factor humano”. La coincidencia entre la promoción provincial del ascendente Omar Perotti, dirigente que se impone por sus calificados atributos, con el fortalecimiento (casi inexplicable) del gobierno nacional, sobre todo desde que se atenuaron las derivaciones de un crimen despreciable. Un fenómeno de transformación que ni siquiera supo prever la calculada astucia de Reutemann.

El conflicto se traslada ahora a la frialdad de los escritorios del Tribunal Electoral. Donde a los oficialismos es más que difícil vencerlos. Imposible, se diría.

Santa Fe marca también otra lección moral. La insuficiencia de la soberbia cultural que se apoderó del PRO, a través de la selectiva preferencia por la pureza. Y por la distinta actitud ante los también selectivos acuerdos. Por ser víctima del propio relato construido. Por no contaminarse con nada que oralmente aluda a “lo viejo”. Que dificulte la necesidad del cambio que inspira -y moviliza- la vaguedad de “lo nuevo”.

Siempre la mini-serie
La tradicional mini-serie “Mauricio, Sergio y Daniel” parece concluir en la procurada polarización entre Daniel y Mauricio. Y con el exterminio del polarizado, o sea Sergio, disuelto a baño María en la salsa genérica de sus “errores”.
Ninguno de los tres protagonistas de la miniserie forma parte del socialismo evangélico que gobierna Santa Fe. Desde que el extinto gobernador Obeid se recibió repentinamente de gran demócrata e impulsó la derogación de la Ley de Lemas. Instrumento que permitía que el peronismo, pese a sus desastres, se sucediera en medio de la declinación.
Pero los polarizadores Mauricio y Daniel, en este 2015, se aproximaron bastante a la idea de desprenderse temporariamente de los instalados socialistas. Mauricio a través del carismático comediante Miguel Del Sel. Y Daniel con el citado Perotti, que literalmente ya superó en velocidad al saltarín agotado, Reutemann. Y hasta atenuó el vaporoso prestigio de la señora María Eugenia, la exponente más sensata de Los Bielsa.
Quien se quedó en el camino fue el polarizado Sergio. Sobre todo después del “error” de no haber podido retener al simbólico Reutemann. Para inclinarse por dos candidatos que, lejos de consolidarlo, lo redujeron. De todos modos con Oscar Martínez, alcanzó a retener el cuatro por ciento que deja de ser piadoso. Cuatro puntitos que, por otra parte, hubieran sido indispensables para desalojar a los adventistas del socialismo. Ya que de haberse entendido Mauricio y Sergio, no sólo podían haberse quedado con Santa Fe. Desalojaban a los socialistas hasta del bastión inexpugnable. Rosario.

El extraño vandorismo del PRO
Aunque por arriba Mauricio y Sergio lo nieguen, en niveles intermedios continúan las negociaciones autorizadas. Entre el PRO y (lo que queda de) la Franja de Massa. Para desconcierto de De la Sota. Una suerte de rehén incómodo en la estrategia final del socio. Massa. Con quien De la Sota se dispone a confrontar, en una campaña costosa donde exhibe más el apreciable tesón que la inteligencia electoral.
La lección moral de Santa Fe puede repercutir, sobre todo, en Buenos Aires. Queda apenas una última semana para avanzar con las decisiones que pueden repercutir en el plano nacional.
Desde la innovación intelectual del PRO se inspira “el massismo sin Massa”. Es el rescate de lugares de poder para los massistas que resisten, aunque sólo después de la capitulación incondicional de Massa. Ya que dista, a esta altura, de conciliar un financieramente imposible proyecto nacional. Al que se entrega, con más arrojo admirable que fundamentos.

Mientras confronta con el peronismo, Mauricio suele rescatar, en cambio, a Perón. Como si le perdonara la vida. Pero a quien Mauricio reivindica, en realidad, es a Augusto Timoteo Vandor.
Fue -Vandor- aquel dirigente sindical que planteaba el pragmático “peronismo sin Perón”. Como corresponde, terminó asesinado. Según nuestras fuentes, se trató de un crimen iniciático, decidido en Roma, durante una mañana soleada, mientras dos señores insospechables que ya habían adquirido corbatas en la vía Condotti disfrutaban de la escalinata espectacular de la Piazza Navona.
Nadie debe temer por la reiteración del destino.

Cancha Rayada
Al cierre del despacho, en Buenos Aires aún se reservan tres o cuatro lugares. “Para salir”. En la lista de diputados.
Son para los miembros rescatables de la Franja de Massa que atraviesen los certificados tácitos de pureza. Y tal vez se resguarda por cuatro días otro lugar más enaltecedor. La candidatura a la vice-gobernación de Buenos Aires, para acompañar a otra señora María Eugenia. Pero Vidal. Reserva preciada. Casi un caramelo de madera para el mini-gobernador de San Miguel. Un astuto dirigente que privilegia, según nuestras fuentes, la inteligencia de la lealtad. Que aunque parezca poesía, aún “paga”.
Para avanzar con la idea del vandorismo extraño y perverso, Massa tendría, apenas, que apartarse.
Para la evaluación, El PRO pide demasiado. Invoca una falsa reciprocidad, por el apartamiento de Macri en 2013, que permitió la consagración de Massa.
Un renunciamiento histórico de Sergio. Para aceptar, con excesiva nobleza, su “cancha rayada” personal.
Después de todo, el pretexto de la juventud siempre admite otra ilusoria oportunidad.

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