“Mirtha Legrand y el derecho a insultar”, por Ernesto Tenembaum

Tenembaum

Hubo una A?poca en que un sector importante de la izquierda argentina creA?a que la democracia era una falacia, una treta, un enmascaramiento, la manera que encontraba el capitalismo para imponer su dictadura explotadora de manera mA?s engaA?osa. Por eso, hubo movimientos armados que se rebelaron contra sistemas democrA?ticos, con el argumento de que se trataba de dictaduras encubiertas. Ese mecanismo estA? descripto de manera notable en La Soberbia Armada, el tan magnA?fico como demonizado libro de Pablo Giussani sobre Montoneros. En estos A?ltimos tiempos, hay un sector social que, nuevamente, cree que vivimos bajo una dictadura, contra toda evidencia sensorial: hay libertad de prensa, no hay presos polA?ticos, las autoridades se eligen por elecciones, se puede andar por la calle a cualquier hora. La A?ltima expresiA?n de esa desmesura fue la declaraciA?n que hizo Mirtha Legrand, justo el domingo de las elecciones porteA?as en las que el kirchnerismo ni siquiera figuraba. La popular animadora calificA? a la presidenta Cristina FernA?ndez como una “dictadora” y desatA? furias y tempestades. AsA?, lo que podA?a haber terminado simplemente como una discusiA?n menor, en la que la afirmaciA?n de Legrand podA?a ser rebatible de manera muy sencilla, se transformA? en algo mucho mA?s interesante sobre cA?mo procede cada uno en la vida y en la polA?tica. Y, como se verA?, resultA? ser que lo suyo era casi una ingenuidad.

El primero en responderle fue Carlos Kunkel. Sus argumentos fueron muy reveladores sobre lo que anida en su alma. Sin decirlo claramente, tratA? a Legrand de puta. El diputado kirchnerista le pidiA? a “la seA?ora Legrand que cuente cA?mo hacA?a antes del 55 para ser la actriz que mA?s pelA?culas filmaba. HabA?a rumores de cA?mo hacA?a para lograr que funcionarios peronistas le otorgaran la preferencia en la conducciA?n de todas las pelA?culas. DespuA?s de que cayA? el peronismo parece que quiso lavarse de toda la culpa y de su paso por alcobas ajenas”. Luego, Kunkel la acusA? de haber abandonado a su hijo fallecido. “Una persona que cuando su hijo estaba enfermo no lo atendiA? ni asistiA? para nada y despuA?s estuvo en inauguraciA?n de plazas porque llevaba su nombre para tener un minuto mA?s de cA?mara no merece mi respeto”.

La brutalidad de Kunkel podrA?a ser defendida por sus simpatizantes ?que los tiene, aunque se escuden en buenos modales? con dos argumentos. Uno, que Kunkel respondiA? a un insulto previo. Es fA?cilmente rebatible. Primero porque no necesariamente uno tiene que responder a un insulto con otro, y mucho menos descender a esos niveles. Segundo, porque en otros casos Kunkel fue el primero en insultar, como cuando le dijo prostituta a Jessica Cirio, solo porque le molestaba que MartA?n Insaurralde coqueteara con Sergio Massa. Esta sucesiA?n de repetidas expresiones denigratorias hacia distintas mujeres, por parte de este diputado, curiosamente, no mereciA? ninguna reprobaciA?n de todos los militantes de genero que orbitan alrededor del kircherismo, tan dispuestos otras veces a repudiar a quienes no son kirchneristas.

El segundo argumento de Kunkel podrA?a sostener que no hay nada peor que llamar a alguien “dictador”. Tal vez, la frase completa dirA?a: “Es terrible llamar a alguien dictadora en un paA?s donde la dictadura hizo tal cosa y tal otra”, pronunciada con el dedo en alto y los ojos enrojecidos. TambiA?n es un argumento dA?bil. Al fin y al cabo, esa actitud ha sido un hecho bastante comA?n por parte del kirchnerismo. A?O no son sus jA?venes los que corean, acto tras acto, “Macri, basura, vos sos la dictadura” o “ClarA?n, basura, vos sos la dictadura”? En un discurso muy recordado, frente al Congreso, fue el propio NA?stor Kirchner quien comparA? a la revuelta agropecuaria con los grupos de tareas de la dictadura. A?Cual serA?a la lA?gica? A?Nadie puede acusar a otras personas de ser dictadores dado lo que se sufriA? entre 1976 y 1983? A?O eso solo es vA?lido cuando el gobierno le revolea la palabra a unos pero no cuando se lo hace en sentido contrario?

Como suele ocurrir ante estos hechos, la prensa oficialista rA?pidamente consultA? la opiniA?n de Hebe Pastor de Bonafini y Estela Barnes de Carlotto. Ambas, como era de esperar, repudiaron a Legrand, con estilos diferentes y contenidos similares. Sin embargo, durante esos aA?os, ellas impulsaron o toleraron la utilizaciA?n de la memoria histA?rica para resolver debates menores del presente. Bonafini fue la que organizA? un juicio en la plaza pA?blica por complicidad con la dictadura contra personas, como Magdalena Ruiz GuiA?azA?, que la habA?an denunciado. Luego, se abrazA? con Cesar Milani, el ex jefe del EjA?rcito, quien sA? estaba acusado de crA?menes de lesa humanidad. El A?ltimo 24 de marzo, hijos de desaparecidos de La Plata quemaron un muA?eco que representaba ese abrazo. Bonafini pidiA? sanciones contra ellos. “Le molestaba que quemaran un muA?eco de ella o hubiera reaccionado de la misma manera si el muA?eco quemado hubiera sido el de Magdalena o el de Macri” La presidenta de Abuelas encabezA? marchas donde se calificaba como “cA?mplices de la apropiaciA?n de niA?os”, a periodistas democrA?ticos, de antiguo compromiso con su causa, solo por el hecho de que disentA?an con el Gobierno.

En este contexto, donde el kirchnerismo ha desparramado la palabra dictadura para un lado y para el otro, su reacciA?n frente a lo de Mirtha Legrand parece, como mA?nimo, un tanto absurda, lo que no quiere decir que la calificaciA?n de Legrand hacia Cristina fuera correcta. Durante muchos aA?os, el kirchnerismo explicA? que la polA?tica es eso, un territorio A?spero, donde vale todo, y se puede decir cualquier cosa, y sostuvieron que quienes reaccionan frente a este tipo de insultos son timoratos, indignados de peluquerA?a, y esas cosas. A?Y ahora? A?No es patA?tico indignarse ante un insulto?

En este contexto, resulta imposible obviar la A?ltima nota de Horacio Verbitsky en la que acusa a Mauricio Macri de ser abusador de niA?os, con una prueba disparatada. A su lado, Mirtha Legrand parece Heidi.

El rA?gimen de gobierno actual, por suerte, es democrA?tico. Quienes vivimos la dictadura sabemos notar la diferencia entre esto y aquello. Cualquier discusiA?n sobre los mA?todos kirchneristas ?su prepotencia, su corrupciA?n, su intento de dominar la prensa y la justicia? no incluye, al menos dentro de lo que la razA?n permite, calificar a Cristina como una dictadora o como una “nazi”, que tambiA?n se ha hecho. De la misma manera, los movimientos de resistencia de la sociedad civil ?marchas, paros, publicaciones diversas, opiniones contrarias? no son golpistas, es decir, no pretenden imponer una dictadura como la del 76, secuestrar niA?os o tirar personas de los aviones. Por suerte, la discusiA?n actual se produce entre fuerzas democrA?ticas, y no entre dictadores y proyectos de dictadores.

Estas exageraciones son parte de una enfermedad que se instalA? en el paA?s en los A?ltimos aA?os, y que se va atenuando a medida que se acerca el 10 de diciembre. El derecho a insultar es de todos o de nadie. QuizA? sea preferible lo segundo, pero ya nadie puede evitar lo primero.

El perA?odo que termina serA? recordado por muchos elementos. Uno de ellos, sin duda, serA? esta enfermedad tan denigrante e inA?til.

 

 

Fuente: Cronista.com

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