“Por quA? Fayt es culpable”, porA?Ernesto Tenembaum

Tenembaum

No fue cA?mplice de la dictadura.

No hay una foto, una declaraciA?n, un gesto suyo de cercanA?a con los militares.

Nadie le descubriA? una fortuna incalculable y, menos que menos, una que no pueda justificar.

No comprA? terrenos fiscales a precio vil.

Nunca defendiA? la idea de que se necesitaba matar gente para que la Argentina fuera un lugar mA?s justo.

No escapA? jamA?s de un pedido de captura por parte de un juez.

No acusA? a nadie de homosexual, de drogadicto o de cA?mplice de la dictadura para triunfar en una pelea menor.

No lucrA? gracias al desalojo de personas humildes.

No intentA? comprar una imprenta de billetes con plata del Estado, ni participA? de la administraciA?n fraudulenta de un plan para construir viviendas sociales.

No usA? anillos de brillantes, ni debiA? realizar un acuerdo judicial para frenar un proceso abierto cuando se descubriA? que tenA?a prostA?bulos en sus varios departamentos, ni fue A?oqui del Senado.

No fue menemista, cuando todos los trepadores lo eran.

No fue duhaldista, cuando todos los trepadores lo eran.

No fue kirchnerista, cuando todos los trepadores lo eran.

Es mA?s: cuando en la Corte habA?a jueces que constituA?an la mayorA?a automA?tica de Menem, A?l resistiA?. Sus votos en minorA?a durante esos aA?os son realmente ejemplares. FallA?, por ejemplo, en contra de un per saltum famoso que destrabA? la privatizaciA?n irregular de AerolA?neas Argentinas, a favor de otorgar personerA?a jurA?dica a la Comunidad Homosexual Argentina, a favor de trabajadores que reclamaban actualizaciA?n de haberes por considerar que era inconstitucional la eliminaciA?n de la indexaciA?n dispuesta por la dictadura, a favor de la reposiciA?n en su puesto de docentes despedidos por la misma dictadura, en defensa del fiscal Ricardo Molinas, que habA?a sido destituido de manera irregular por investigar hechos de corrupciA?n. Fue el A?nico ministro que defendiA? la resoluciA?n de un juez que impedA?a los despidos en SOMISA, dispuestos por el menemismo como paso previo a su privatizaciA?n. Sostuvo que la Federal no podA?a aplicar arbitrariamente los edictos policiales, sin asistencia letrada para la vA?ctima. Y postulA? que la tenencia de droga para consumo no debA?a ser penada.

Por eso, cuando luego del 2003 se iniciA? un proceso virtuoso de renovaciA?n de la Corte Suprema, nadie le pidiA? que se fuera, y ya tenA?a mA?s 80 aA?os.

Fayt es un caso extraA?o. Se trata de una persona que ocupA? un cargo pA?blico de alta exposiciA?n durante mA?s de tres dA?cadas y no le pueden encontrar otro pecado que uno biolA?gico: haber cumplido aA?os. Las diferencias de estatura polA?tica y moral entre Fayt y quienes lo acusan es tan enorme, que tal vez en ese contraste, mA?s aA?n que en la enfermiza ambiciA?n de poder, se pueda encontrar alguna causa del ensaA?amiento de estos dA?as.

La primera que lo denunciA? por viejo fue la presidenta de la NaciA?n en julio de 2013. Estaba peleada con la Corte porque no le dejaba pasar un proyecto de reforma judicial por el cual los jueces serA?an elegidos en las boletas de los partidos polA?ticos, o sea, que quien ganara la elecciA?n se quedara con la Justicia. Entonces, Cristina FernA?ndez calificA? a Fayt en Twitter de “juez centenario”. A los pocos dA?as, Justicia LegA?tima organizA? un acto frente a Tribunales. AllA? fueron, entre otros, los diputados oficialistas HA?ctor Recalde y Carlos Kunkel y habA?a colectivos y una gran muchachada con remeritas de La CA?mpora. Antes del primer orador, se realizA? sobre la tarima una representaciA?n artA?stica donde aparecA?a un juez decrA?pito, que se movA?a con un andador y al que dos asistentes le pasaban el plumero y ayudaban a limpiarse los mocos.

AsA? trataron a Fayt, sin que ni la Presidenta, ni ningA?n ministro, ni ningA?n integrante de Justicia LegA?tima, ni los prestigiosos RaA?l Zaffaroni, Horacio Verbitsky, Carlos Arslanian o Julio Maier, dijeran una palabra sobre el asunto. Fue un silencio parecido al que se produjo luego de que un sector del kirchnerismo juzgara en plaza pA?blica a Magdalena Ruiz GuiA?azA? por complicidad con una dictadura a la que, en realidad, habA?a denunciado, o cuando un grupo de barras bravas contratados por Guillermo Moreno, rompiA? a sillazos la presentaciA?n de un libro que, justamente, denunciaba a las patotas del Indec.

El operativo de estos dA?as se iniciA? el 3 de mayo cuando Verbitsky opinA? que Fayt no entendA?a lo que firmaba. Para sostener esa afirmaciA?n, no aportA? un testimonio de un mA?dico, o de un familiar, o una radiografA?a, un anA?lisis de sangre, un fallo disparatado, una filmaciA?n. Era solo su palabra. Algo que alguien dice. Verbitsky fue desmentido por la hija del juez. Pero el jefe de Gabinete amplificA? esa versiA?n, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo calificA? como ?momia? a Fayt y el periodismo oficialista se sumA?, militante como siempre, al coro. Por si fuera poco, un grupo de diputados se constituyA? en una especie de tribunal popular sanitario para determinar si Fayt estA? lA?cido o no. En los viejos regA?menes stalinistas de Europa del Este, se solA?a decretar que los disidentes estaban locos y se los encerraba. En este caso, se trata de una mueca triste, un reflejo del enojo de una Jefa que, con cierta periodicidad, pierde las proporciones y nadie, en su entorno ni en su fuerza polA?tica, le resiste los caprichos.

Todo se puede discutir: la edad lA?mite para ser ministro de la Corte, el estado de salud mental de un Presidente, con cuA?ntos aA?os se debe jubilar un profesor de la UBA, quA? hacer con un vicepresidente procesado y como deben variar los exA?menes de conducir a medida que uno envejece. Es probable que 97 aA?os sean demasiados para que alguien ocupe un cargo tan sensible. Pero tambiA?n puede ocurrir que, a esa edad, haya personas lA?cidas que no deseen retirarse. Para evitar subjetividades, la sociedad democrA?tica eligiA? el estado de derecho. Si la ley establece determinados mecanismos para remover a alguien, esos son lo que se deben aplicar. Pero hay leyes no escritas: humillar a una persona mayor, solo por la edad que tiene ?o a cualquiera, por lo que sea? no parece ser un mA?todo que distinga a quienes lo aplican.

Fayt seguirA? en el cargo hasta que A?l quiera porque el Gobierno no tiene los dos tercios de ambas cA?maras para tirarlo por la ventana. Salvo que lo quiebren, o que la presiA?n de estos dA?as deteriore radicalmente su salud. Por eso, todo lo que pasA? refleja una dosis apreciable de torpeza polA?tica. Pero lo que mA?s sorprende no es eso, sino la vocaciA?n de tanta gente por ser fuerza de choque y la de tanta otra por el silencio ante la prepotencia y el intento de humillaciA?n de personas A?ntegras.

La asA? llamada ?dA?cada ganada? estA? plagada de episodios tan elegantes como este donde la lucidez no es lo que abunda. Y el culpable de que eso haya sido asA? no es, justamente, el juez Carlos Fayt.

En todo caso, alguien que, en este paA?s tormentoso, solo tiene la culpa de cumplir aA?os es una honrosa excepciA?n.

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